@vegapchirinos Si pudieras encontrarte a ti misma de pequeña y tener una charla de domingo por la tarde, ¿qué te dirías? ¿Y qué crees que te preguntaría tu yo-pequeño y cómo le contestarías?
Versión corta
¿Qué te dirías?
1.- Sin planes; sueña con una meta y averigüa cómo llegar disfrutando del camino.
2.- No te conformes con mirar, aprende a ver.
3.- Valora tus opiniones y las de los demás en su justa medida. Ni en exceso ni en tu defecto.
¿Qué crees que te preguntaría tu yo-pequeño?
¿Llegaste?
¿Cómo le contestarías?
Sí. No. Nunca hay un sólo destino porque siempre se abren nuevos caminos. Eso es estar vivo.
Versión larga
Las tardes de domingo las pasaba en casa de mis abuelos, en el pueblo. Era el final del fin de semana, así que aprovechaba al máximo.
Jugábamos la pandilla hasta la noche. Entonces, cuando casi todos se metían en sus casas, comenzaba el peregrinaje: de casa de "mi mejor amiga" a mi casa y viceversa.
Si el coche de mis padres aún no estaba cargado y la familia lista para regresar a la ciudad, volvíamos a empezar. Yo la acompañaba a ella y, por inercia, ella a mí.
En esas idas y venidas llegaban las conversaciones más intensas. Dudas, penas, alegrías, aventuras, exámenes, novios... reñir, no. Nunca.
Las diferencias las solventábamos en el momento, sin reparos. Si era necesario, las negociaciones duraban hasta llegar a un acuerdo. Si no lo era y los razonamientos no llegaban a convencer a ninguna, se respetaba. Aunque fuese a regañadientes.
Había un tema recurrente. En realidad dos. Matrimonio y profesión.
Ella divagaba con posibles maridos. Yo me decantaba, en esos momentos, por el "periodismo de guerra" (más tarde descubrí que el silbido de las balas igual no era para mí, pero eso es otra historia).
Mi lucha era convencerla de la importancia de tener primero una profesión. Ella, sencillamente, me dejaba decir.
Con los años, su expediente académico era mucho más brillante que el mío. Tenía muchas más posibilidades de triunfar, por lo que mi insistencia fue cada vez fue más férrea.
Y todo mi gozo en un pozo. Antes de terminar el doctorado, se casó. Con los años vinieron los niños.
¿El trabajo? Temporal, hasta hace poco.
Ahora, en plena crisis, dirige un departamento técnico de una gran empresa. Un puesto esencial, que requiere de concentración, coordinación y resolución en tiempo récord, pues de sus resultados depende el funcionamiento posterior de toda la compañía.
En el tren, dirigiéndose a una de sus reuniones nacionales, me llamó. Se había acordado de mí, porque estaba segura de que yo me hubiera atrevido a meterme en la gran ciudad sin problemas, me dijo.
Aún se consideraba una cobarde por no haber llevado el coche en solitario durante 500 kilómetros.
Igual la exigí demasiado. Igual la exigimos todos demasiado.
Por cierto, hoy es su cumpleaños. 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, cuando se habla de la mujer trabajadora y de la igualdad de la mujer. ¿Iguales a quién?
¡Muchísimas felicidades! Luego, te llamo.
¡¡¡Eres una campeona, no lo dudes nunca!!!
Un besazo.