En este extraño día quiero compartir una reflexión basada en la observación personal, nada más, así que decidme si me equivoco.
¿Alguien se ha dado cuenta del gran número de empresas de este país basadas o lideradas por personal sin preparación, ética y/o talento profesional?
No todas, por supuesto y menos mal, no es una afirmación categórica.
Pero sí creo que existen en un número preocupante y, en ciertos sectores y lugares con un poder excesivo, con una larga y sólida implantación y/o con un capital o apoyo económico tal que impide la creación de una competencia justa.
Evidentemente, una competencia real y de calidad beneficiaría a todos ya que, a mi parecer, sus malas prácticas y precios abusivos, sobretodo por su nula calidad, cierran el acceso a auténticos profesionales.
O lo que es aún peor, los mantiene en un limbo pseudolaboral, en el que ni el sueldo ni las condiciones de trabajo están a la altura de la naturaleza de sus habilidades, responsabilidades y ocupaciones.
Según mi punto de vista, impiden la creación de puestos de trabajo dignos y la creación de empresas que presten un servicio de calidad digno (de nuevo ese concepto tan importante) de ser contratado por los consumidores. La pescadilla que se muerde la cola.
¿Ejemplos? Muchos, sin tener que menospreciar un sector en concreto. ¿Quién no se ha visto, en estos últimos años, pagando un servicio o producto que no le convence del todo (por precio o calidad) sólo porque no tiene otra opción mejor?
Imagino que para muchos de vosotros esto sea una obviedad. Para otros será una exageración. No sé, no soy especialista en nada, daros cuenta que sólo me dedico a la comunicación.
Mi pensamiento es global, miro al horizonte observando qué es lo que hay al fondo. Y lo que veo es a cuatro millones de profesionales, con una gran capacidad de trabajo, especializados y especialistas en todos los campos y sectores, que tienen en su mano la oportunidad de cambiarlo todo, de hacerle sombra y derrocar a las pseudoempresas con otras auténticas que nos hagan renacer a todos.
¿Cómo? No os engaño. Yo no lo sé, ya os digo que mi campo son tan sólo las ideas. Pero tengo el convencimiento de que hay profesionales que nos pueden dar las pistas, orientarnos y llevarnos a la meta. Desde luego, yo pagaría por verlo.
Me daría igual que se acabara el mundo mañana o que me entrara una enfermedad terminal que me llevase al otro barrio en un mes. Os aseguro que me iría con una sonrisa en la cara si, antes, pudiera verlo.
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Hacen falta auténticos emprendedores, Anabel. No me imagino una economía sin empresarios, ni un gobierno sin políticos.... También habría que hacer un sano ejercicio de la objeción profesional: negarnos a que se usen nuestros conocimientos y habilidadas al servicio de la explotación del hombre por el hombre. El problema no es de falta de conocimientos, ni de fe, religiosa o de la otra..., en el futuro sino la falta de solidaridad
Buen tema para seguir, Horacio: negarse a ofrecer nuestro trabajo cuando veamos que va a ser utilizado incorrectamente, sin correr el riesgo de perder un trabajo tras otro y morir de hambre.
Estoy segura de que hay quien lo hace, de que existen métodos y técnicas, porque para todo las hay... bueno sería encontrar expertos que nos diesen las pistas. Llamémoslo "Inteligencia Laboral".
En cuanto a la Solidaridad, con mayúsculas, fíjate creo que existe a raudales sólo que no está canalizada con buena fe. No hay más que ver cómo reaccionamos en masa en cuanto se nos ha pedido ayuda (léase Haití, como ej. más reciente).
Julián Gómez del Castillo, conocido militante cristiano, fallecido hace unos años en Madrid, me enseñó, con los hechos, que "Solidaridad es compartir, hasta lo necesario para vivir". Es verdad que a ese "arranque" emocional momentáneo de dar lo que nos sobra, cuando ocurren desastres como el de Haití, se le llama también solidaridad. A mí me parece que es una especie de "enajenación mental transitoria" porque, después de unos días o meses, todo sigue igual. Falta compromiso personal y comunitario en una lucha sostenida contra las causas, no ya de las catástrofes naturales -que escapan, por lo general, a la capacidad humana- sino contra las causas del genocidio económico contra los empobrecidos: ¿por qué mueren asesinados por hambre, económicamente planificada y sin embargo evitable, millones de personas? ¿Por qué consentir que haya entre nosotros parados forzosos sin prestación, mientras unos pocos banqueros, políticos, empresarios y sindicalistas se ponen de acuerdo para pactar y, sobre todo, para “pastar” y “mamar de la teta”?
En cuanto a enfrentarse al poder, incluso mediante la "objeción profesional", no seamos ingenuos, supone la capacidad de vivir libremente un mínimo de pobreza, de humildad y de sacrificio por los demás. Decir "no" al chantaje del empleo, aunque no sea al estilo de Espartaco, cuando dijo "no" y "cien mil voces dijeron no, y tembló Roma"... tiene un coste, mayor o menor. Porque no se puede siempre "nadar y guardar la ropa". La lucha activa, incluso no violenta tiene sus costes. Los catequistas del capitalismo han sido muy eficientes: se ha extendido el culto al dios Capital en toda la ciudadanía; su devoción prolifera entre los hijos y nietos de la clase obrera. De ello se sigue un individualismo atroz y una indiferencia bastante grande ante los problemas de nuestros vecinos. Se oyen, sí, muchos lamentos; pero la mayoría de los perjudicados por la crisis viven con la ilusión de "pescar truchas a bragas enjutas", esperando cual buitres a que den la cara por ellos los demás, sin arriesgar. Luego, cuando las situaciones llegan al punto de Grecia, dichos buitres son capaces de salir a la calle a la desesperada, sin programa alternativo alguno, a vociferar, a verter su rencor y su odio violentamente, con resultado de muertes inocentes. En su egoísmo fanático, insolidario y brutal, en su barbarie de insolidaridad… son tan responsables como los capitalistas en quienes han creído. Sólo les interesa que les devuelvan "su empleo", que todo vuelva a ser como antes y a funcionar: trabajar y consumir como cerdos, que con dinero todo se compra..., pasándolo bien, cada uno a lo suyo sin pensar en los demás. Actualmente, la mayoría de los cuadros sindicales parecen pertenecer, como muchos conciudadanos, a los satisfechos de la sociedad enriquecida que con nuestro consumismo y nuestra indiferencia somos responsables de la explotación y el expolio a los empobrecidos. Viven al calor de los presupuestos del estado, por eso apoyan al gobierno ¿Cómo si no se entiende que no haya una revolución social con tantos millones de parados? Esta es la cara del mal, que solamente podremos superar promoviendo una cultura solidaria, y una sociedad solidaria y autogestionaria, que luche políticamente por el reparto del empleo y la riqueza; por ejemplo: mediante la eliminación de las horas extra; la reducción de la jornada de trabajo y la implantación de una auténtica Renta Básica de Ciudadanía: universal, personal e incondicional, empezando por los parados sin prestación económica. Todo esto y mucho más no se puede conseguir sin una lucha socialmente significativa. Pero no olvidemos que toda lucha social tiene un precio, empezando por el precio de nuestra comodidad.
En resumen, y que conste que no lo he leído, tan sólo he escuchado a Leopoldo Abadía, tenemos que llegar a La Revolución de los Justos y una economía racional e inteligente. De eso estoy convencida. Una revolución "pacífica" en el día a día.
Sólo nos falta un líder para que se haga palpable y real, porque seguidores hay de sobra.
Pues yo he empezado a leer el libro, por recomendación de un amigo en paro, que es un entusiasta. No dice nada del otro mundo. Sólo que los políticos más conocidos tubieran un tercio del sentido común de este señor, verbigracia don José Luis Rodríguez y don Mariano Rajoy, pienso que mejoraríamos nuestras espectativas de salida pacífica a la crisis. Por el camino que vamos, llegamos a lo de Grecia el próximo noviembre...
Se cuentan por miles los parados hundidos en la depresión. No saben qué hacer; los gerifaltes, asesores y expertos de todo tipo tampoco, pero cobran y ellos no. Los parados y obreros precarios, sobre todo si son mujeres, se ven traicionados y maltratados por los poderes del Estado que debería protegerlos, desamparados por la ley en su derecho constitucional al trabajo (art.35), a una vivienda digna y adecuada (art.47), a las prestaciones sociales suficientes ante situaciones de necesidad, especialmente en caso en caso de desempleo (art.41). “Suficientes” para sostener la impotencia de los pobres a rebelarse, como la limosna de los 420 euros. Así es como los poderes públicos aseguran la protección social, económica y jurídica de la familia, que establece el art.39. Los poderes públicos permiten, por omisión del art. 9.2, que los parados sean excluidos y anulados como personas, que sean reglamentariamente chantajeados por la Administración para gastar su tiempo en cursos que no les interesan o buscando empleos que no hay. Tan aplastante es el peso de su situación personal y de su condición social, tan grande la indiferencia ajena, tan monstruosa la fuerza de la insolidaridad, tan duro y agotador buscar el pan cotidiano para la supervivencia de la familia y de los hijos, que se comprende por qué no les quedan fuerzas para luchar.
La constitución monárquica de 1978 es letra muerta, con los miembros de veinte gobiernos principales chupando la sangre del trabajador (el de la Nación, los 17 autonómicos, más los de Ceuta y Melilla). Hay, además, gobiernos municipales, comarcales y diputaciones provinciales ¿Al servicio de quién? ¿Para qué? ¿Para aplaudir el rescate de bancos y cajas de ahorro, mientras estos siervos sin entrañas del dios Capital ahogan con intereses, hipotecas y desahucios al autónomo, al pequeño empresario y al ciudadano de a pie? Pocos son los rebeldes que se atreven a levantar la voz. Para muestra un botón: Lleva más de un año un obrero parado sin rescate alguno, acampado a las puertas del palacio de la Moncloa, Segundo Quiñones. Segundo espera la iniciativa legal de Zapatero en pro de unas hipotecas justas, para que no se quede el banco con la casa y lo pagado, y tú con la deuda… y el Secretario General del partido que aún se llama, sin sonrojo, Socialista Obrero y Español, no lo quiere recibir, sino que se vuelva a Colombia, quizás dejando aquí a su mujer e hijo, ambos españoles de origen. Segundo tiene un sueño posible: conseguir un pan para cada mesa y un techo para cada familia. Pero parece que, en un “Estado social y democrático de Derecho” eso no se puede permitir. La situación es tal, que un antiguo lema libertario se traduciría hoy por: “ni Banco, ni Estado, ni Ley”.